
por Rafael Hernández
Porque no confesar con fascinación que soy artista así como confieso, mi debilidad por el tabaco, el ron, las comiquitas, la poesía, la pintura, la naturaleza, el baile, un paso suave, una voz animada y una dama sobre mi cama. Disipar las dudas y temores, poner fin a las autoacusaciones, desvanecer la culpa y complejos de inferioridad. Comprender lo que realmente soy, no lo que los demás quieren hacerme creer respecto a mí mismo, descubrir la enorme fuerza dinámica, las infinitas posibilidades. No me rindo nunca.
En este sentido no voy a dejar que me fastidien lo suficiente para hacerme perder la confianza en mí mismo, que me molesten lo suficiente para hacerme infeliz y mi trabajo ineficaz, para imponerme el suplicio de la timidez, para torturarme con la autointrospección, para hacerme ególatra e hipersensible, para que me abrume la fatiga y cerrarme el paso a la expresión natural de mi vida amorosa. No me importa nada.
Ya de niño era bastante extraño, tomaba cosas demasiado en serio y superidealizaba a las muchachas de manera absurda. Y aun hoy soy en exceso preocupado y sensible. Me disgusto por pequeñeces, me asalta con frecuencia la duda. Si no me sobrepusiera a mí mismo, tendría una marcada tendencia al hastío. A veces me abruma una sensación de ansiedad, de peligro inminente. Disfruto haciendo castillos en el aire. Veo la vida de modo muy distinto que el común de los mortales. A mí siempre todo me sale bien.
Si no fuera artista, no tendría, por ejemplo, la aspiración o la energía necesaria para escribir, actuar o pintar. Me bastaría con mi profesión y estaría satisfecho. Más como veo la vida de manera diferente, siento el prurito de intentar que los demás la vean como yo. La gente me ama.
He aquí porque digo que estoy encantado de ser artista. No es una excusa o disculpa, pues no las necesito. El ser artista ha enriquecido mi vida dando sabor a lo que de otro modo no hubiera sino sido una existencia vulgar. Escalo cumbres donde el panorama es amplio, clara la atmosfera y el aire vivo y puro. Es verdad que he tropezado y caído, pero de todos modos, respiro mas rápidamente, mi sangre circula deprisa, y la vitalidad y el gozo de vivir me inunda mejor que a los demás. Me gusta, me gusta, me gusta.
La cuestión está en saber qué tipo de artista soy y que es lo que quiero que el arte haga de mi. La academia es un lugar seguro.
Soy artista porque hay una constante inquietud en mi interior y este es el signo de que estoy llamado para cosas mejores pues el conocimiento engendra poder y el poder engendra valor. El resto es cosa fácil. Yo estoy mejor, mejor y mejor